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Santiago de Compostela

Bonaval02

 

El paisaje de Santiago se caracteriza desde siempre por la presencia del verde. Desde casi cualquier punto de la ciudad, y muy especialmente de la ciudad histórica, se abren perspectivas que descubren los parques urbanos, o que fugan hacia las tierras de labor o hacia las masas de arbolado de los montes que rodean a Compostela.

Con la expansión urbana a partir de mediados del siglo XX, se incrementó el número de viviendas y también la necesidad de garantizar un desarrollo urbano sostenible a través de la creación de nuevos espacios verdes, labor que se asumió con profundidad en los años 90 y cuyo resultado ha convertido a Santiago, con más de 1 millón y medio de metros cuadrados de espacios verdes públicos, en una ciudad que se puede circunvalar y conocer paseando por sus parques y jardines. Por esta calidad paisajística y medioambiental la ciudad ha recibido varios premios y el reconocimiento internacional.

Las nuevas zonas verdes que abrazan la ciudad han salvaguardado la relación histórica de lo construido con el entorno natural, de manera que aún en nuestros días podemos disfrutar de las mismas estampas urbanas que tuvieron, mucho tiempo atrás, otros viajeros y peregrinos…

 

La Ruta de los parques

Parque de la Alameda

Aunque el parque recibe el nombre genérico de Alameda, se compone de tres partes bien diferenciadas: el paseo de la Alameda, la carballeira (“robledal”) de Santa Susana y el paseo de la Herradura. La unidad así formada es, desde el siglo XIX, el más importante punto de referencia de los paseos y del ocio de los santiagueses, caracterizada por ser un espacio muy acogedor, una especie de salón natural.

Su ubicación privilegiada, bordeando una parte de la ciudad histórica, y con una magnífica perspectiva sobre su fachada oeste ´-la más monumental-, lo convirtió en el principal jardín urbano, destacado además por la variedad y porte de sus especies arbóreas y ornamentales, como el conjunto de robles, los espléndidos eucaliptos o la pérgola con vistas que componen los castaños de Indias en el paseo de la Herradura.

 

Carballeira de San Lourenzo

A principios del siglo XII se funda, en una sombrío robledal a orillas del río Sarela, el convento de San Lorenzo de Trasouto. En el exterior de esta edificación, que con el tiempo se convirtió en palacio -‘pazo’ en gallego- y actualmente es un distinguido restaurante para celebraciones, sigue existiendo todavía un frondoso soto de robles centarios.

Siendo el roble el árbol más típico de Galicia -vinculado en muchos casos a la tradición mítica y legendaria-, las ‘carballeiras’, nombre con el que se conoce en Galicia a las áreas de robledal, han sido siempre espacios de reunión, romería, fiesta y celebración; espacios cuasi-sagrados, umbríos, mágicos… Escondidos entre los árboles hay una fuente y dos ‘cruceiros’, cruces de piedra de gran tamaño que marcaban los caminos y que son seña de identidad de Galicia.

 

Parque de San Domingos de Bonaval

La actuación es un ejemplo de perfecta adaptación a la topografía y a los elementos preexistentes, que conjuga las onduladas formas de la ladera con la linealidad de los trazados geométricos que definen sus senderos y bancadas. Respeta la estructura tripartita de la finca monacal: huerta, robledal y cementerio. El agua susurra en todo el paseo, con fuentes, canales y pequeños aljibes.
El resultado es un espacio cuidado, con una gran calidad, un parque de sutil diseño contemporáneo que juega con las perspectivas, muy disfrutado por compostelanos y visitantes y marco excepcional de manifestaciones artísticas.
El arbolado histórico se ha completado con nuevas especies, lo que le confiere además un especial interés botánico, destacando la ‘carballeira’ (robledal).

 

Parque de Belvís

El parque se extiende a lo largo de la vaguada de Belvís: un espacio alargado constituido por prados por los que corre un pequeño arroyo. Los muros, las bancadas del terreno y las vías históricas -como el pintoresco callejón de las Trompas- se respetaron en el proyecto de este parque.

Este ‘vacío’ verde separa, y a la vez relaciona, el recinto histórico con las grandes edificaciones del convento de Belvís y del Seminario Menor, constituyendo una especie de ‘foso’ natural de la ciudad medieval. Desde su parte más alta se disfrutan vistas singulares de toda la ciudad.

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